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Martes, 11 Agosto 2009

Martes, 11 Agosto 2009 19:39:40 GMT

Mi señor jesus

El Evangelio de Marcos

Capítulo 1

1 Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

2 Conforme está escrito en Isaías el profeta: "Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino."

3 "Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas,"

4 apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados.

5 Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

6 Juan llevaba un vestido de pie de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre.

7 Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias.

8 Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

9 Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.

10 En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él.

11 Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.»

12 A continuación, el Espíritu le empuja al desierto,

13 y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían.

14 Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios:

15 «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.»

16 Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores.

17 Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres.»

18 Al instante, dejando las redes, le siguieron.

19 Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes;

20 y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.

21 Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar.

22 Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

23 Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar:

24 «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.»

25 Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él.»

26 Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.

27 Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.»

28 Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

29 Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.

30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella.

31 Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

32 Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados;

33 la ciudad entera estaba agolpada a la puerta.

34 Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

35 De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración.

36 Simón y sus compañeros fueron en su busca;

37 al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan.»

38 El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.»

39 Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

40 Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme.»

41 Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.»

42 Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio.

43 Le despidió al instante prohibiéndole severamente:

44 «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.»

45 Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.

Capítulo 2

1 Entró de nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa.

2 Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la Palabra.

3 Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro.

4 Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.

5 Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.»

6 Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones:

7 «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?»

8 Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones?

9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate, toma tu camilla y anda?"

10 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice al paralítico -:

11 "A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa."»

12 Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»

13 Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba.

14 Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió.

15 Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían.

16 Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?»

17 Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»

18 Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?»

19 Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar.

20 Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día.

21 Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor.

22 Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos.

23 Y sucedió que un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas.

24 Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?»

25 El les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre,

26 cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?»

27 Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado.

28 De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado.»

Capítulo 3



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Martes, 11 Agosto 2009 19:39:35 GMT

Mi señor jesus

El Evangelio de Marcos

Capítulo 1

1 Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

2 Conforme está escrito en Isaías el profeta: "Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino."

3 "Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas,"

4 apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados.

5 Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

6 Juan llevaba un vestido de pie de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre.

7 Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias.

8 Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

9 Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.

10 En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él.

11 Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.»

12 A continuación, el Espíritu le empuja al desierto,

13 y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían.

14 Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios:

15 «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.»

16 Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores.

17 Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres.»

18 Al instante, dejando las redes, le siguieron.

19 Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes;

20 y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.

21 Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar.

22 Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

23 Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar:

24 «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.»

25 Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él.»

26 Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.

27 Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.»

28 Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

29 Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.

30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella.

31 Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

32 Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados;

33 la ciudad entera estaba agolpada a la puerta.

34 Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

35 De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración.

36 Simón y sus compañeros fueron en su busca;

37 al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan.»

38 El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.»

39 Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

40 Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme.»

41 Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.»

42 Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio.

43 Le despidió al instante prohibiéndole severamente:

44 «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.»

45 Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.

Capítulo 2

1 Entró de nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa.

2 Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la Palabra.

3 Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro.

4 Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.

5 Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.»

6 Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones:

7 «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?»

8 Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones?

9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate, toma tu camilla y anda?"

10 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice al paralítico -:

11 "A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa."»

12 Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»

13 Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba.

14 Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió.

15 Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían.

16 Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?»

17 Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»

18 Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?»

19 Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar.

20 Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día.

21 Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor.

22 Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos.

23 Y sucedió que un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas.

24 Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?»

25 El les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre,

26 cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?»

27 Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado.

28 De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado.»

Capítulo 3



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Martes, 11 Agosto 2009 19:39:30 GMT

Mi señor jesus

El Evangelio de Marcos

Capítulo 1

1 Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

2 Conforme está escrito en Isaías el profeta: "Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino."

3 "Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas,"

4 apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados.

5 Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

6 Juan llevaba un vestido de pie de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre.

7 Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias.

8 Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

9 Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.

10 En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él.

11 Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.»

12 A continuación, el Espíritu le empuja al desierto,

13 y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían.

14 Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios:

15 «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.»

16 Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores.

17 Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres.»

18 Al instante, dejando las redes, le siguieron.

19 Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes;

20 y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.

21 Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar.

22 Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

23 Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar:

24 «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.»

25 Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él.»

26 Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.

27 Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.»

28 Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

29 Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.

30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella.

31 Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

32 Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados;

33 la ciudad entera estaba agolpada a la puerta.

34 Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

35 De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración.

36 Simón y sus compañeros fueron en su busca;

37 al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan.»

38 El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.»

39 Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

40 Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme.»

41 Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.»

42 Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio.

43 Le despidió al instante prohibiéndole severamente:

44 «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.»

45 Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.

Capítulo 2

1 Entró de nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa.

2 Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la Palabra.

3 Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro.

4 Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.

5 Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.»

6 Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones:

7 «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?»

8 Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones?

9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate, toma tu camilla y anda?"

10 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice al paralítico -:

11 "A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa."»

12 Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»

13 Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba.

14 Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió.

15 Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían.

16 Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?»

17 Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»

18 Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?»

19 Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar.

20 Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día.

21 Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor.

22 Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos.

23 Y sucedió que un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas.

24 Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?»

25 El les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre,

26 cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?»

27 Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado.

28 De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado.»

Capítulo 3



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Martes, 11 Agosto 2009 19:29:51 GMT

Mis sueños: volar



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Martes, 11 Agosto 2009 19:27:20 GMT

Aviones sukoi

jose gregorio cabrera



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Martes, 11 Agosto 2009 19:27:20 GMT

Aviones sukoi

jose gregorio cabrera



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Martes, 11 Agosto 2009 19:27:11 GMT

Aviones sukoi

jose gregorio cabrera



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Martes, 11 Agosto 2009 19:24:27 GMT

Mis fortalezas aèreas

Estas son mis fortalezas, el poder publicar lo que estoy aprendiendo.



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Martes, 11 Agosto 2009 19:15:49 GMT

mis fotos

PDVSA y Repsol culminaron la cuantificación de las reservas de bloque en la Faja


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Martes, 11 Agosto 2009 18:37:35 GMT

Debe regresar Manuel Selaya al gobierno

J osè Gregorio Cabrera

Mi opiniòn sobre los acontecimientos en Honduras.

Debemos apoyar la democracia en honduras, esto es devolver a su presidente: Manuel selaya al gobierno.

No podemos aceptar que golpistas anti democraticos establescan sus propias leyes en latinoamerica. El pueblo hondureño merece respeto. Pues el votò por un candidato y se debe respetar su decisiòn. No se debe violar la constituciòn de ese paìs vecino, ¡ no! a los golpistas en latinoamèrica. este fragmento de noticia lo relata :

Multitudinaria marcha repudia el golpe en Honduras y exige retorno de Zelaya

(AFP) – hace 2 horas

TEGUCIGALPA — En una multitudinaria y bulliciosa marcha, más de 10.000 partidarios del depuesto presidente hondureño, Manuel Zelaya, repudiaron este martes al gobierno de facto y advirtieron que profundizarán sus protestas por el regreso del mandatario.

"Nos tienen miedo porque no tenemos miedo", cantó una hija de Zelaya, Hortensia, más conocida como 'La Pichu', ante la multitud que la seguía en coro y levantando los puños en una marcha por el bulevar Juan Pablo II de la capital, en las proximidades de la Casa Presidencial.

Más de 5.000 partidarios de Zelaya caminaron desde la Universidad Pedagógica Nacional entre negocios de comida rápida, y en medio de la algarabía recibieron a unas 3.000 personas que llegaron caminando desde la zona de Olancho, en el este del país, y a otras 2.000 procedentes de Comayagua, en el centro.



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